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Noche de Muertos en Michoacán; una tradición ancestral.
Escrito por Administrador    Sábado, 26 de Septiembre de 2009 02:52    PDF Imprimir E-mail

Investigación: Rodrigo Avalos / Grupo La Esfera Azul.

Antes de la ocupación española de estas tierras, la región lacustre estaba habitada por un importante grupo étnico y lingüistico muy diferente a los habitantes de Mesoamérica. En lengua mexica eran llamados "Michoaques" y a la tierra por ellos poblaban "Michoacán", lugar de lagos. Al llegar los europeos, los habitantes de Michoacán fueron llamados por aquéllos, "Purhépechas", nombre que se ha continuado hasta nuestros días. Tras una serie de constantes conquistas, dominaron todo el territorio michoacano y sostuvieron guerras con los vecinos, aún con los bravos aztecas a quienes siempre lograron rechazar. Al conquistar Hernán Cortés la ciudad de México-Tenochtitlán, los señores de Michoacán decidieron rendirse en paz ante el capitán español, lo que benefició a los michoacanos, pues de ello resultó que el trato fuera diferente al que estaban recibiendo de los aztecas. Nuño de Guzmán, presidente de la primera Audiencia, sin tomar en cuenta la actitud pacífica de los Purépechas, emprendió contra ellos una guerra cruel y despiadada, despoblando los populosos lugares habitados que tenía el reino Purhépecha. La Segunda Audiencia envió al oidor Vasco de Quiroga, quien por la persuasión y el auxilio de los evangelizadores franciscanos, logró pacificar a los atemorizados Purhépechas y más tarde, al ser nombrado obispo, el primero de esta diócesis, emprendió a fondo la conquista espiritual de la región, combatiendo a la vez los frecuentes abusos de los encomenderos españoles y de otros colonizadores. De esta conquista espiritual resultó un rico sincretismo religioso, siendo una de sus muestras, la famosa ceremonia de la Noche de Muertos, en donde el concepto indígena de la muerte juega parejamente con las ideas cristianas del más allá.

Michoacán es único e irrepetible, es cuna del invencible Imperio Purhépecha, que floreció y se extendió por casi todo el centro del país. Aún en la actualidad, es posible disfrutar de la riqueza cultural del imperio, en los vestigios arqueológicos de la región y en las poblaciones indígenas tanto de la ribera del Lago de Pátzcuaro, como en la Meseta Purhépecha, la Ciénega de Zacapu y la Cañada de los Once Pueblos, ricas en tradiciones como Noche de Muertos y Semana Santa, ferias como la del geranio, guitarra, cobre y aguacate, así como en fiestas, costumbres, música, danzas, gastronomía, artesanía y arquitectura que se refleja en sus Pueblos Típicos multicolores y hermosas ciudades coloniales como Pátzcuaro y Morelia, Patrimonio de Humanidad desde 1991.

La región Pátzcuaro cuenta con dos zonas arqueológicas (Ihuatzio y Tzintzuntzan), Entre las fiestas destacan la del Señor del Rescate de Tzintzuntzan, Semana Santa y “Noche de Muertos”, espectacular ceremonia indígena de reconocimiento internacional,

Janitzio

Es en esta noche, según relatan los habitantes de la isla, cuando surgen las sombras de la princesa Mitzita, hija del ultimo Caltzonci, y de Itzihuapa, hijo del señor de Janitzio, quienes profundamente enamorados no pudieron desposarse por la inesperada llegada de los conquistadores; Para salvar a su padre de las torturas del conquistador de Michoacán Nuño de Guzmán, la princesa ofreció, a cambio de la libertad del viejo monarca, el tesoro fabuloso que se encontraba inmerso en las profundidades del lago de Pátzcuaro, entre Janitzio y Pacanda. Itzihuapa se convirtió en el vigésimo premier guardián de tan fantástica riqueza.

Y es durante la noche del primero de noviembre de cada año, cuando despiertan guardianes del tesoro y, al tañer las campañas, suben la cuesta de la isla. Los novios Mitzita e Itzihuapa se encaminan al panteón y reciben ofrendas de vivos.

Durante todas las épocas Janitzio ha sido la más famosa y visitada de las islas del lago de Pátzcuaro. Madame Calderón de la Barca, una de las viajeras mas ilustres del siglo XVIII refiere a su obra.

La vida en México durante una residencia de dos años en ese país: "Pátzcuaro es un primor de ciudad, pequeña y con sus tejados inclinados, situado en las orillas de un lago que lleva su nombre, y frontero al pueblecito indio de Janitzio, edificado sobre una alta isleta en medio del lago".

Janitzio cautiva al visitante por sus peculiares construcciones de adobe,

Con portales sostenidos por viejos maderos coronados por tornasoladas techumbres de teja roja. A través de sus sinuosos callejones el visitante descubrirá los aspectos típicos de la isla con las viviendas de pescadores y las redes que cuelgan por todos lados.

Aproximadamente a la mitad del ascenso, se encuentra su iglesia, de fractura indígena, dedicada a San Jerónimo; Hacia el ábside se localiza el cementerio que será el escenario de la tradicional Noche de Muertos, la ANIMECHA KEJTZITAKHA.

Antes de la medianoche del día primero de noviembre las mujeres y los niños se dirigen en silencio al cementerio llevando las ofrendas para sus muertos. Sobre las tumbas de sus deudos irán colocando con cariño y recogimiento las ofrendas florales, así como los alimentos que tanto gustaron en vida al difunto. Las velas se irán encendiendo una a una transformando el oscuro cementerio en un jardín de luces misteriosas. Una campana colgante del arco que da acceso al camposanto tañera melancólica toda la noche en memoria de los muertos. En toda la isla se escucha el eco de los cantos en Purhépecha , que imploran el descanso eterno para las almas de los ausentes y la felicidad para quienes estamos aun vivos.

También dentro de la noche de muertos existe el recordar y hacer énfasis en los niños ya fallecidos, mejor conocidos como nuestros angelitos:

KEJTZITAKUA ZAPICHERI
(VELACIÓN DE LOS ANGELITOS)

Esta ceremonia conmovedora y dulce, increíble, inusitada para ciertas concepciones modernas, se celebra en el atrio del Templo de la Isla de Janitzio, el día lo. de noviembre, de 7 a 10 hrs., acuden con gran cariño madres y hermanos de los niños que no conocieron las alegrías ni las tristezas del adulto, y en sus tumbas crean preciosos adornos con las flores más hermosas de la estación, con juguetes de madera, tule y paja. Los regalos que no se les hicieron en vida adornarán su altar en la velación de los angelitos.

En Huecorio, a los niños se les recuerda, en su casa, con altares el 31 de octubre, por la noche, sus ofrendas serán vistosamente adornadas con dulces, pan, juguetes de madera de Tócuaro, de barro de Ocumicho, de paja de Ihuatzio y ropa que los padres han traído de Pátzcuaro. Este altar doméstico lucirá su colorido bajo las llamas de las velas que lo alumbran

Noche de muertos en Morelia.

(Pintura realizada por Alfredo Zalce, pintor michoacano)

Desafortunadamente en estas fechas esta tradición tan hermosa y homenajeada en todo el país ha sufrido por los desplantes tan inmaduros de los jóvenes de hoy en día puesto, toman como excusa este día para tomar, destruir, ofender a los habitantes y sus tradiciones. Hoy en día es una fecha que no se puede disfrutar en su gran plenitud ya que estos jóvenes han provocado miedo e inseguridad en los panteones y sus calles aledañas.

Es por eso que nosotros el grupo de “La Esfera Azul” hacemos invitación a toda esa gente para rescatar lo bello y significativo que es “EL DIA DE MUERTOS” Aquí en nuestra ciudad de Morelia.